Tarde calurosa, pesada, húmeda, mal humor por doquier y allí como si nada una langosta ágil, rápida, precisa, saltando de un lado a otro tras el acoso de Matute, mi gato gordo. Me pregunto si esos saltos son un reflejo producido por instinto de supervivencia o por un proceso conciente y planificado.
Siento por un instante envidia de ese minúsculo insecto, un deseo irrefrenable se apodera de mi, dar un gran salto. El miedo es instantáneo y si mi salto no fuese igual de preciso y certero?
Veinte años llevo trabajando en la misma empresa, me ponía feliz al menos tener la expectativa de contar con 5 días adicionales a la licencia anual a modo de premio, pero la alegría fue momentánea, el Jefe de RR. HH. se encargó de bajarme de un hondazo, “el personal sobrevaluado (detesto sus expresiones) no cuenta con esos días adicionales” sentenció, “Sólo le corresponden a los empleados por convenio!”
He pasado un importante número de años en mi cargo y no veo la posibilidad de seguir creciendo, tampoco veo el reconocimiento motivador que hoy necesitaría, siento por momentos que lo he dado todo por la empresa y sueño como soñé tantas veces en tener la oportunidad de oxigenarme experimentando otros escenarios laborales. Sencillamente siento necesidad de saltar como la langosta.
Vuelvo a observarla, cuando Matute está suficientemente cerca los vellos extendidos de las extremidades le permiten detectar que no cuenta con espacio suficiente y seguro y tiene el suficiente tacto para no esperar que sea demasiado tarde para saltar, este pequeño insecto entiende e interpreta las señales.
Pocas veces detecté señales inequívocas y manifiestas que indicasen que la empresa me ofrecía metas retadoras, pero muchas veces esta información pareciera viajar en clave por el ambiente laboral y creo poseer cierta agudeza y atención para comprender el mensaje. Mil preguntas azotan mi mente buscando este tipo de señales no sólo en la empresa sino en mi:
¿A que riesgos me enfrentaría al cambiar de escenario? ¿Estoy preparada para asumirlo? ¿Se trata de un capricho momentáneo? ¿En realidad he agotado todo el espacio en este empleo? ¿Tengo una conducta lo suficientemente proactiva para ser considerada para otros cargos o niveles de conocimiento? ¿Estoy agregando valor a mi trabajo? ¿Estoy lo suficientemente identificada con mi empresa y las actividades que realizo? ¿Fui honesta al exponer mis expectativas? ¿Verdaderamente no tengo más oportunidades? ¿No hay retos o no me interesan los retos que hay? Si sumo muchos NO en la respuestas quizás sea el momento adecuado para saltar.
La langosta no salta azarosamente, seguramente ubica con rapidez un lugar más seguro que le proporcione volver a saltar.
Tengo empleo esto supone una ventaja competitiva respecto de los que ofrecen sus servicios, pues de no coincidir con mis expectativas el nuevo empleo me serviría de experiencia para valorar lo que tengo y para establecer nuevas metas personales. Pero estudiar nuevas ofertas debe ser una decisión rápida y a la vez bien pensada, el mercado es cambiante y se puede estar ante un alto costo de oportunidad.
Esta langosta tiene más cosas para mostrarme, veo como mantiene sus extremidades posteriores en constante tensión lo que le proporciona la habilidad de saltar en el momento preciso que la condición lo exige, de lo contrario podría verse amenazada por las circunstancias y perder entonces la oportunidad de salir ilesa de ellas.
Si sueño con experimentar otros escenarios la premisa debe ser la misma, entonces reflexiono, estoy suficientemente preparada y dispuesta a saltar hoy y quizás seguir saltando? ya sea en la misma empresa o fuera de ella. Esto sólo es posible si tengo las metas claras, si he invertido suficiente tiempo en mantenerme actualizada en cuanto a conocimientos y habilidades ya que las oportunidades exigen competencias adicionales a las que pongo en juego en mi actual puesto.
Inquieta por las características de este animalito voy a internet para buscar datos, quiero conocerla más. Las langostas están dotadas de cinco ojos, dos compuestos y tres simples, esto les ofrece una verdadera visión holística de su entorno lo que les permite estar atentas a los cambios, cuentan con la información necesaria e inmediata para tomar la decisión correcta.
Afortunadamente no tengo cinco ojos (sería un monstruo y no conseguiría trabajo) pero cuento con medios de comunicación, así como colaboradores, pares y allegados. Es humanamente imposible estar en todas partes y conocer todo lo que acontece en el entorno, pero puedo estar informada. Necesito engranar imágenes mentales asociadas al conocimiento, indispensables para la creación de posibles escenarios de oportunidades y amenazas. Tengo que objetivar las consecuencias de saltar o de la ausencia del salto.
La langosta usa el mimetismo como mecanismo de defensa. Cuando se ve amenazada por algún depredador no comienza a dar saltos de un lado a otro, por el contrario utiliza el entorno y se confunde con él, esperando el momento más adecuado para realizar el salto que la librará de la amenaza.
Esto es vital debo imperiosamente encontrar la capacidad para ocultar mis frustraciones y deseos de saltar.
Aunque suelen ser insectos solitarios, las langostas no siempre se encuentran en esa condición y en ciertas oportunidades se concentran en grandes bandadas cuya simple descripción produce ansiedad sólo de imaginarla, y generan importantes daños al ambiente. Cuando esto ocurre pueden librarse verdaderas pugnas por los espacios y los alimentos disponibles, en donde sólo gana la más apto.
Resultaría ingenuo suponer que soy la única profesional que desea saltar a otro escenario, las cifras de profesionales que han entendido y se han convertido en verdadero talento empleable cada día es mayor y eso ha generado una enorme concentración de profesionales disputándose buenas posiciones en el mercado laboral. En este caso no sólo es importante saltar primero, sino poseer las competencias requeridas para asegurar la posición deseada para reducir la comunidad de postulantes y poder estar entre los mejores.
Saltar o no saltar, esa es la cuestión.
lunes, 30 de marzo de 2009
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