miércoles, 8 de abril de 2009

UNA MIRADA A MI VIEJO

Los juicios de Rodrigo, suelen ser el detonante de muchos pensamientos, y el de hoy no fue la excepción. En un momento entre bromeando y discutiendo me dice: -A vos hay que ponerte los puntos! Comportate! porque de lo contrario cuando seas vieja te mando a un geriátrico sin aire acondicionado.

Me reí de su ocurrencia pero la cosa quedó en el aire. Porque en realidad según mi percepción de cómo pasan los años, veo bastante próximo el tiempo de la jubilación y pegado a la jubilación, la vejez

En realidad envejecemos desde que nacemos, entonces ¿por qué un hecho natural nos trae aparejados tantos conflictos?

Veo con temor el cambio que el paso de los años ha obrado en mi padre, un hombre que físicamente está entero, dinámico, hasta jovial es su aspecto porque se mueve como cuando tenía mi edad. Su rostro no ha cambiado, su cabello sigue como siempre, casi no tiene canas y este año cumple 70. Buen mozo, erguido, si uno lo ve en la calle en bicicleta, en automóvil o caminando, diría que a este hombre la vida le sonríe, pero yo, que lo veo al menos una vez por semana siento con dolor como su cabeza cambia.

Lo siento resentido, hostil, con broncas, con odios, discriminando a los ancianos, criticando al entorno, se ha transformado en un observador disconforme. Un hombre sin acción enojado con el mundo, pero en total pasividad, incapaz de hacer nada para cambiar lo que no le gusta.

Mi casa paterna era un lugar de tranquilidad y control, no levantábamos la voz para comunicarnos, había espacio para el diálogo y la reflexión y prueba de ello es mi propio hogar, donde el silencio es buena compañía. Hoy mi padre grita, protesta como un niño cuando no se lo escucha, golpea suavemente a mi madre para captar su atención, opina de cuanto tema le pase por delante, habla, habla, habla sin parar. Hoy cuando nos reunimos los domingos parecemos una familia italiana descontrolada. Y es mi viejo el responsable de esta situación diferente, caótica a mi juicio.

Da miedo, sin dudas tengo los genes de mi padre, temo verme reflejada en esa persona que a esta altura se ha transformado en personaje.

No sé si este cambio tiene que ver con la vejez, la jubilación, el aislamiento... pero me lleva a la reflexión indeclinablemente.
Sin dudas el envejecimiento comienza pronto en las personas, y en general esta realidad no se tiene en cuenta, nos afecta a todos y considero que requiere una preparación. Saber que todos envejecemos, prepararnos para hacerlo bien y sacarle mayor provecho a esos años, es un aspecto importante de nuestra educación.

El envejecer es un proceso dinámico, gradual, natural e inevitable. Este proceso es impreciso. Nos vamos dando cuenta de él por el reconocimiento de nuestro cuerpo cambiante, del espejo, de la mirada del otro y de la exclusión de la sociedad en la mala interpretación del proceso productivo. Mi viejo se sintió corrido, desplazado de su trabajo de toda la vida, la jubilación fue un vacío, un mazazo que no estaba preparado a recibir y como había centrado su vida en el trabajo lo dejó sin nada que hacer. Hoy transformó toda la energía que ponía en el trabajo en resentimiento, hostilidad, irritabilidad y desconfianza.

Pareciera que la respuesta es prepararse, y esto quiere decir madurar, en el fondo del conflicto creo que esta vejez fea, se debe a que aun cumpliendo muchísimos años no maduramos, nos cerramos a nuevas ideas y nos volvemos radicales, entonces lo nuevo, asusta. Pensamos demasiado en nosotros mismos y nos olvidamos de los demás. Dejamos de luchar, dejamos de aprender y lo peor de todo es cuando dejamos de comprender.

Yo me propongo “Aprender a envejecer”. Quiero prepararme para vivir feliz la tercera edad entendiendo que la adaptación a condiciones psicológicas y sociales que van a regir mis últimas décadas de vida son incluso más importante que ahorrar dinero, elegir el lugar donde vivir después de jubilarme, o desarrollar aficiones favoritas para pasar el tiempo de ocio.

En ese momento se hará necesaria una adaptación a una concepción distinta del tiempo, estamos acostumbrados a planear nuestro futuro durante la mayor parte de la vida, a estudiar y a trabajar más y más, a privarnos de placeres inmediatos, a ahorrar. En resumen, a sembrar con el objeto de poder recoger o recibir los frutos en un mañana que nos parece lejano. De mayores, el futuro se acorta día a día y nos puede llenar de incertidumbre, seguramente se sentirá que los proyectos a largo plazo carecen a de sentido.

También será oportuno repasar con benevolencia el ayer y aceptar la inalterabilidad de ese pasado, surgirá entonces la necesidad de aceptar ese pasado y deberé reconciliarme con los conflictos irresueltos, con los errores que no se rectificaron y con las oportunidades que he perdidas. Ya será tarde para volver caminos. No será útil en ese momento caer en la culpabilidad o el resentimiento hacia uno mismo que en última instancia nos transformará en resentidos sociales.

Y creo de vital importancia tender todas las redes para mantener en lo posible la autonomía y una vida independiente (al menos en mi caso será necesario para que Rodrigo no me mande a un geriátrico sin AC, detesto el calor). En consecuencia tendré que lograr una conexión y una participación activa en el entorno social, relacionarme y compartir. La familia siempre será alegría, pero mis hijos en ese entonces, tendrán su vida realizada, y habrá que compensar la falta de ambiente familiar con otras actividades sociales.

Espero que al haber estudiado a lo largo de toda la vida haya adquirido el hábito de estudio buscando la verdad y que no me deje llevar por la improvisación y que antes de establecer un juicio de valor, necesite conocer a fondo los temas acerca de los que quiera formarme una opinión, y ponderar las razones en uno u otro sentido.

Otro aspecto propio de mis búsquedas es el respeto a la dignidad y a la libertad, esto lo rescato y lo deberé cultivar para rechazar cualquier acción que trate de imponerse por otro camino que no sea la reflexión, esto tiene la gracia de impedir la pretensión de forzar a los demás a que piensen como yo. El respeto a quien piensa de otro modo, responde a la elevada consideración que se tiene de la libertad y de la dignidad del hombre y al convencimiento de que la verdad jamás puede ser impuesta a la mente desde fuera sino que para ser aceptada ha de ser antes comprendida.

Concluyendo, la solución para que la vejez no se convierta en una caricatura de la vida anterior es continuar fijándose metas que den significado a nuestra existencia, esto es, dedicarse a personas, grupos o causas, al trabajo social, político, intelectual o artístico. Desear pasiones lo suficientemente intensas que nos impidan cerrarnos en nosotros mismos. Apreciar la vida de los demás a través del amor, la amistad, la solidaridad, la compasión. Vivir en definitiva para mantenernos en este mundo aun cuando no haya ilusiones, aun cuando se haya extinguido el fervor por vivir.

2 comentarios:

  1. Che, que bueno lo que contas de tu papa. A mi me paso algo simil y duele. Duele mucho el ver como se deterioran, como la cabeza les patea para lados "extraños" y como se van alejando consciente o inconscientemente de quienes eran o bien de quienes querian llegar a ser.
    Lo trabaje mucho en terapia y creo q lo q encontre es tratar de en todo momento no tomar partido, no retarlos, no enredarse con sus paranoias (cuanto cuesta!!!). Al final del camino creo que lo unico q salva y ampara del dolor es la sensacion de tener PAZ con ese padre. Sentir que uno no juzgo ni castigo, solo acompaño como pudo teniendo siempre presente que en definitiva "el tipo hizo lo que pudo (o lo que eligio) con su vida".

    Esto e sirvio a mi pero me encanto tu teoria del "aprender a envejezer".

    Saludos,

    Fernando.-

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